Ir al contenido principal

"8 SANTOS" - XVIII - Hacer lo correcto


—XVIII
Hacer lo correcto


La mañana siguiente al gran evento finalmente podrían declarar el toque de queda.
Santos despertó ese día con sentimientos encontrados, por un lado creía que esto ayudaría mucho a resolver el caso y por el otro no podía dejar de pensar en Caterina. ¿Por qué debía irse justo ahora que él había decidido liberar todo su amor y volver a intentarlo? Hasta había estado pensando en quitarse el anillo para no incomodarla. Se sintió mal al recordar eso.
Al bajar a desayunar encontró una postal nada agradable.
—Ya está bien, Santos, llama al médico. Esto es peor que lo de la otra vez.
Melina ardía en fiebre y su cuerpo estaba cubierto de manchas.
—Mmm... Quizás sea algo que comiste en el festival, de cualquier manera tienes razón, será mejor llamar al médico. Y no vayas al trabajo hoy, haré que te cubran, no te preocupes.
—Gracias, Santos, me siento horrible de verdad.

El Doctor Jiménez, médico de cabecera de varias familias de la ciudad, llegó casi de inmediato. Era un hombre no muy alto, con poco pelo ya a pesar de ser joven y vestido en tonos tierra.
—Debo ir a dar clases de anatomía al instituto secundario esta mañana, qué suerte que me llamó temprano, aún tengo una hora para eso —dijo al llegar, luego de las presentaciones formales.
—Entonces temo que nos volveremos a encontrar en unas horas, doctor, porque debo ir a tomar declaraciones a algunos alumnos y profesores hoy por la muerte de Yennifer Cabral.
Santos vio al doctor alarmarse un poco luego de escucharlo decir eso.
—Espero tenga suerte con esos chicos, a veces no saben ni dónde están parados. No creo que digan nada coherente. Realmente el nivel de inteligencia y responsabilidad de los jóvenes de Dárbona deja mucho que desear— dijo, intentando disimular. O al menos eso era lo que se sentía en sus palabras.
Santos lo guió hacia el piso de arriba, donde Melina lo esperaba recostada y viendo el techo girar mientras tiritaba, dejando de lado por el momento su aparente nerviosismo.
Luego de verla y diagnosticarle una intoxicación por alimentos, el médico le recomendó a Melina dieta y reposo, y bajó a la sala con Santos.
—Doctor, ¿quiere tomar un café?, aún no desayuno si quiere acompañarme —dijo Santos, esperando poder hablar un poco con él para asegurarse de que lo que había notado hacia un momento no estaba en su imaginación.
—La verdad es que ya he desayunado, pero no puedo decir que no ante la oferta de un buen café.
Santos aprovechó a averiguar un poco sobre él, pero el tiempo pasó rápido y pronto tuvo que despedirse para ir a dar sus clases. Solo dijo que su padre y su abuelo también habían sido médicos y que por esa misma razón su nombre era tan conocido, no por su experiencia. Intentaba ser humilde y ya no se lo notaba nervioso como al principio.
—Muchas gracias por el café, Detective. Lo veo en unas horas en el colegio y si gusta le devuelvo el favor en el comedor al mediodía. Nuestra cocinera es excelente.
Se oía sincero. Quizás sí había sido sólo su imaginación.
Antes de ir a la comisaría, Santos pasó nuevamente a ver a Melina, que se había dormido, y tocó su frente. Había empezado a transpirar un poco porque la fiebre comenzaba a bajar, así que se sintió más tranquilo, pero en cuanto la preocupación por Melina cesó, Caterina volvió a su cabeza. ¿Y si ya no volvía a verla? Intentó contener sus emociones lo más que pudo, pero al ver su rostro en el espejo antes de salir, sintió lástima por sí mismo y no pudo evitar llorar un poco.


Al llegar a la comisaría le pidió a Daniel que se quedara un poco más reemplazando a Melina mientras Javier lo acompañaba al colegio a tomar las declaraciones e investigar.
—¿Llegará más tarde? —preguntó Daniel un poco malhumorado. 
—No vendrá hoy, está enferma. Volveremos lo antes posible. También puedes acompañarme tú y que se quede Javier...
—No, está bien, me quedaré yo. Tomaré otro café —se apresuró a decir Daniel. Con sueño y de mal humor no quería tratar con Santos, sabía que no le caía bien y no tenía ninguna intención de mejorar o empeorar la relación con él.


—Pensar que he pasado toda mi infancia y adolescencia corriendo por estos jardines —dijo Javier al llegar—, y ahora vengo a enterarme de las impurezas que hay por sus pasillos.
—Aún no sabemos si es verdad, Javier. Cuando entremos déjame hablar a mí y presta mucha atención a las actitudes de todos los que estén alrededor. Si es verdad que Yennifer vendía drogas, los compradores no lo afirmarán pero nos lo harán notar. Hay que estar muy atento. Recorre los salones, presta atención a todo.
—De acuerdo, Detective.
La escuela secundaria de Dárbona no era un edificio enorme e imponente, pero sí tenía presencia a pesar del estilo tan característico de esa parte de la ciudad. Era un lugar agradable, bien cuidado y una de las tantas instituciones beneficiadas por el festival de la noche anterior.
Al entrar, Santos fue recibido por el Doctor Jiménez.
—Han llegado justo para el primer intervalo. ¿Desean hablar con alguien en particular o ver algo específico? Nunca he participado de una investigación, realmente no sé cómo colaborar y la señora Directora no se encuentra en este momento, ha sufrido de una intoxicación por alimentos. —Al parecer Melina no era la única que estaba con problemas por culpa del festival.
—Bastará con ver el casillero de Yennifer Cabral y hablar con algunos alumnos. Tengo entendido que se rumoreaba que vendía drogas y según la Directora hubo alumnos y profesores investigando sobre eso —respondió Santos.
—Es cierto, Detective, yo era el encargado de la pseudo-investigación junto con tres alumnos del último año. Si bien no pudimos llegar a tratar directamente con ella, sí pudimos averiguar que era cierto con algunos de sus compradores. Eran alumnos más chicos los que le compraban pero consumían fuera de la escuela, por eso no nos dimos cuenta antes. Este era su casillero —dijo el Doctor Jiménez señalando el casillero del medio. Santos le hizo señas a Javier para que fuera al comedor en busca de algunos alumnos.
Una adolescente salió del baño en ese momento y el doctor Jiménez la invitó a acercarse.
—Paula, ven, el detective quiere hablar contigo por lo de Yennifer, dile lo que averiguamos sobre los compradores.
Santos notó que la chica tenía los ojos un poco irritados y una expresión nerviosa, como si tuviera miedo. Mientras hablaba con ella, que respondía a sus preguntas como un robot, otra alumna pasó a su lado y los miró de una forma extraña. Santos confió en que Javier, que estaba ya en el comedor, supiera cómo hablar con ella cuando entrara.

Al presenciar la llegada de Santos al colegio, Carla y Pablo corrieron a encerrarse en el salón de clases.
—Debemos decirlo, Pablo. ¡No podemos seguir soportando esto! Piénsalo, no puede hacernos nada si lo denunciamos y lo llevan a la cárcel. ¡No deberíamos temer a sus amenazas! Hagámoslo ahora, es el momento, se lo llevarán de aquí esposado y ya nunca nos volverá a molestar.
—¡No quiero hacerlo, Carla! Si digo algo todos dirán que soy gay, no estoy listo aún. 
—¡Pablo, sólo tú crees que nadie sabe que eres gay! Piénsalo, por favor, esto no está bien. ¡Él no puede hacernos esto! Paula no dirá nada, está aterrada, hagámoslo también por ella. 
En el comedor, Javier habla más tarde con ellos sobre Yennifer prestando atención a los detalles como Santos le había indicado, pero nota que ambos están muy nerviosos y decide arriesgarse.
—Me ocultan algo y debo decirles que eso los vuelve tan culpables como ella. Tarde o temprano sabremos la verdad y todos los culpables pagarán, incluso los que callaron. —Se sintió un poco tenso al imponer su autoridad pero a la vez orgulloso. Por fin estaba aplicando lo aprendido en la escuela de policías.
—Díselo, Pablo, piensa en Paula —dijo Carla.
Pablo suspiró, tomó una bocanada de aire cargada de coraje y finalmente le contó a Javier cómo el Doctor Jiménez lo había tocado en el salón de clases varias veces, cuando lo hacía quedarse en los intervalos con excusas, y sobre los abusos que sufrían sus compañeras, incluso sobre aquella vez que las obligó a besarse mientras las observaba para luego masturbarse frente a él en los baños.
Javier sintió una presión horrenda en el pecho al escuchar los relatos de Pablo y Carla sobre cómo el profesor Jiménez abusaba de ellos dentro del colegio. Deseó en ese momento golpearlo de la forma más dura y olvidó por completo a Yennifer. Esto era peor, mucho peor.
—Chicos, no me gusta nada lo que me cuentan y tengo ganas de salir corriendo a arrestar al profesor Jiménez, pero desgraciadamente la ley no funciona así. Escuchen, no diré nada hasta que nos vayamos, hablaré con el detective y prométanme que pasaran esta tarde a hacer la denuncia por escrito como corresponde. Sólo así podremos hacer algo. ¿Me lo prometen?
Pablo y Carla asintieron aliviados, haber podido al fin contarlo los hacía sentir esperanzados.
—Oficial, él nos amenaza, tenemos mucho miedo... —dijo Pablo.
—No se preocupen, una vez que la denuncia esté hecha no puede pasarles nada porque sabremos que él será el culpable y su pena será peor. No puede hacerles daño, ese miedo es una ilusión. Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para que estén seguros.
Mientras tanto, Santos abría el casillero de Yennifer para efectivamente encontrar pequeños envoltorios que contenían distintas sustancias, desde pastillas hasta un polvo blanco que durmió su lengua dando por segura su identificación.
Las sospechas sobre Yennifer eran ciertas, pero aun así no entraba en el patrón anterior de los asesinatos. Ni ella ni Antonio, y quizás tampoco su madre, habían tenido problemas con alguna mujer. Ya no solo se trataba de hombres que maltrataban, eran simplemente gente con muy malos hábitos. La lista de posibles víctimas ya no les servía de nada y podía expandirse quién sabe cuánto.


Al regresar Santos y Javier a la comisaría, Daniel finalmente pudo retirarse. Pensaba irse directamente a dormir pero recordó que Melina estaría sola en su casa y decidió hacer un intento más por conquistarla. Quizás pudiera ayudarla con algo, ya que estaba enferma.
Melina había despertado bañada en sudor y se sentía mejor, así que decidió darse un baño e intentar comer algo muy liviano. Cuando se disponía a volver a la cama, vio a Daniel golpeando la puerta.
—¿Qué haces aquí, Daniel? ¿Santos te pidió que vinieras? —preguntó.
—He venido por mi cuenta para ver si necesitas algo. Santos no debería haberte dejado sola.
—Estoy bien, aunque ya iba a volver a la cama, estoy un poco débil.
—Bueno, si me dejas te acompaño hasta que te duermas y hablamos un poco.
—De acuerdo, pero no intentes conquistarme —respondió Melina riendo.
Mientras subían las escaleras, ella sabía que él estaría mirándola con ansias. Se notaba que Daniel no era de esos hombres que desean a una mujer por su impecable apariencia, sino por el simple hecho de ser una mujer. No sentía la necesidad de mostrarse impecable frente a él ni le avergonzaban sus ojeras o su debilidad. Solo subió y lo invitó a entrar al dormitorio, como guiada por un instinto que no sabía si quería frenar. Sería simple condescendencia, hacia él o hacia ella misma.
—¿Sabes? Así como estás, afiebrada y con la mirada a media asta, creo que te veo aún más bonita.
—Daniel...
—Lo siento, Melina, no puedo contenerme contigo. Ya no aguanto las ganas de besarte...
Daniel tomó a Melina de la cintura y a pesar de que ella se resistió un poco, finalmente se dejó llevar. Luego él la desnudó por completo y ella comenzó a temblar, quizás por nervios o porque la fiebre estaba volviendo.
—Eres preciosa... —dijo, mientras Melina intentaba ocultar su desnudez un poco tímida.
—Y tú muy insistente —respondió ella, y se entregó a él, quizás más por despecho y debilidad que por deseo.


Comentarios

  1. Hola,
    Son diversas variables en un mismo relato y como que la cosa queda un tanto dispersa. Pablo y Carla, como chicos abusados, queda siendo el tema principal, mientras que lo de Santos y Caterina no terminó de resolverse nunca y, casi de la nada, Melina se encama con Daniel.

    Bueno, de repente esa era la intención, arrancar con Santos para que luego Daniel le robe el protagonismo. Pero igual, hay una relación que queda irresoluta Santos-Caterina, y otra que se resuelve abruptamente Daniel-Melina, y eso, quizá, no deja la cosa del todo compacta.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pero aún no terminó... Es el capítulo 18 de una novela, no un relato suelto ^^. Hay cosas que pasaron antes y cosas que aún no suceden.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

"¿Por qué me has abandonado?" - Relato de Sergio Lozano Zarco

«¿Cómo he podido llegar a esto?», se preguntaba mientras se le agotaba el aliento. El aire apenas llegaba ya a los pulmones de María y una silueta oscura es lo último que vio hasta que sus ojos se quedaron sin fuerzas.
Tantas veces había intentado convencer a su marido para que se marcharan juntos que ya había perdido la cuenta, las deudas ya eran insostenibles: con el sueldo de Manuel, su marido, apenas si les alcanzaba para alimentar a sus dos pequeños. La vida en Ecuador era cada vez más difícil y la única opción era dejarlo todo, agarrar las maletas y buscar un futuro mejor.
—¡A vida o muerte! —bromeaba Manuel cada vez que María le insistía con el tema.
—Tenemos que irnos, ¿no ves que aquí ya no tenemos vida? ¿Acaso quieres esto para tus hijos? —imploraba María señalando la nevera casi vacía que se hallaba al final de la cocina. Manuel, sentado en la mesa de madera que él mismo había construido, permanecía impasible a las súplicas de su esposa. Ambos se habían criado en un pueblo …

¿De qué trata "Hoja en blanco"?

Si has llegado hasta aquí, será porque amas escribir o leer tanto o más que yo. ¿Estoy en lo cierto?

"Hoja en blanco" tiene como propósito el intercambio de conocimiento entre escritores y lectores, algo así comoun gran taller literario virtual.Aquí podremos incluso exponer nuestras obras y recibir halagos o críticas constructivas de lectores u otros escritores.
También encontraras reseñas y sugerencias de lectura, recursos, algo de música para crear la atmósfera adecuada, ejercicios e información útil para no pecar de ignorantes en nuestras obras.



"Hoja en blanco" clasificará las obras expuestas según su estructura y no por su género, ya que estos son en la actualidad bastante confusos.
La clasificación será la siguiente:

   *Cuentos, fábulas y relatos
   *Poemas y haikus
   *Microficción
   *Novelas

A su vez, cada obra contará con hasta tres etiquetas (que se asignarán según su contenido) que servirán para que el lector decida si le interesa o no leerla.
Las etiquetas disp…