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Diario Independiente: el resultado del desafío ¡Extra! ¡Extra!


En enero de este año, propuse en el grupo de Facebook "Escritores Independientes" una actividad basada en en desafío ¡Extra! ¡Extra!

Pedí a los miembros que quisieran participar que eligieran un número para asignarles un titular, tal como lo hice aquella vez en el grupo LLEC, solo que esta vez no hubo concurso, sino pura diversión.

Tiempo después de terminada la actividad, decidí recopilar todas las noticias en un archivo para que no se perdieran, y así nació nuestro Diario Independiente, que se desprende del Noticiero Independiente que tuvo lugar en el grupo.


Debido al formato de los artículos periodísticos y a las imágenes que incluí para que se pareciera a un diario real, la mejor manera de disfrutarlo al máximo es a través del formato PDF visualizado en una PC. Es por eso que comparto hoy el link de descarga del archivo.



Autores participantes (corresponsales):

Sonia Pericich
Julio César Vázquez
Sergio Amaya Santamaría
Brenda Lucía Oviedo Martínez
Eelynn Cuellar
Juan Eduardo Espejel
Silvana Marchese
David Hernández
Salvador Alba
Eduardo Rocha
Noriana López
Taurino González
Ariel Sosa


Demás está decir (aunque quizás no) que el documento se encuentra registrado bajo licencia para proteger la autoría de los textos, sin embargo, puede compartirse (sin adulterarlo de ninguna manera) ya que es una obra sin fines de lucro.

Espero que disfruten de nuestro Diario Independiente y se rían mucho con nuestras ocurrencias, y si quieren intentarlo, pueden consultar la entrada correspondiente al desafío AQUÍ.


Descarga nuestro DIARIO INDEPENDIENTE




Gato - de Walter Brunini

 

Concurso "8 gatos desafiantes"


Sexto puesto (9 votos)
Rasgo: Vago 
Evento: Aventura 
Autor: Walter Brunini



Gato



Erase un gato dorado, bienintencionado,
que se hizo a la aventura,
de incursionar en la escritura,
sin ser un gato letrado.

Quería contarles a otros gatos,
sus historias de tejados;
amores bajo la luna,
huidas de perros bravos,
las siestas en lo alto del árbol,
del delicioso gusto del pescado robado.
De los exóticos gustos de las gatas,
infalibles estrategias para cazar ratas,
de su temor por ser mojado,
de sus cinco vidas, bien gastadas.


Erase un gato que de literato, no tenía nada,
había aprendido, únicamente, a juntar las palabras;
se había instruido merodeando ciertas ventanas,
en sus eternas rondas de madrugada;
pues tenía sabido que los poetas tienen la costumbre
de escribir hasta casi entrado el alba;
y utilizó las celosías cual papel,
por pluma, utilizó sus garras,
por eso es que en los balcones de los poetas,
se observa toda la pintura arañada.

Erase un gato vago ¡Que de bibliotecas pasaba!
Un gato al que la calle, le hizo sabio a patadas, 
y que observando a los poetas, desde las terrazas,
aprendió a contar sus nocturnas andanzas.



Conoce un poco más al autor a través de su Entrevista EXTRA





La noche que descubrí al monstruo - de Malú Avellana

Concurso "8 gatos desafiantes"


Cuarto puesto (10 votos)
Rasgo: Sincero 
Evento: Un objeto con mucha importancia 
Autora: Malú Avellana





La noche que descubrí al monstruo



La noche que descubrí al monstruo que habitaba en la casa fue la última vez que vi a la abuela. Debía de ser domingo, porque mi escritorio estaba limpio y a papá le disgustaba que su único día libre lo molestara con mis tareas. Por eso, sí, estoy seguro de que era domingo, y mis deberes, cumplidos o no, aguardaban escondidos en mi mochila.

El día había comenzado con los gritos de la abuela, que juraba y rejuraba que su cuarto estaba embrujado, que unas hormigas gigantes le habían hablado en sueños y que, luego de morderle las dos orejas, la habían obligado a dormir de pie en el pasillo. La abuela era una suertudota; papá, mamá y yo cambiábamos de habitación con ella constantemente, cada vez que era atacada por alguna criatura extraña; sin embargo, ninguno de nosotros tres había visto jamás a alguno de esos animalejos. ¡Ah! ¡Lo que hubiese dado por tener esa suerte! Muchos de mis amigos alardeaban con haber visto duendes, fantasmas e, incluso, extraterrestres; pero la cosa cambiaba cuando yo les contaba sobre los seres fantásticos que visitaban a la abuela. Decían que no era lo mismo, que todo eso se lo inventaba, que no era más que una vieja loca, chiflada y mentirosa, pero yo sé que no era verdad. De serlo, habría tenido la nariz grandototota, como Pinocho, y eso es imposible, su naricita era planita, como la de un chancho.

Toda la mañana, y parte de la tarde de aquel domingo, nuestras cosas y las de la abuela viajaron de una habitación a otra. Lo único bueno de todo ese ajetreo era que siempre encontraba alguno de mis juguetes o álbumes que había dado por perdidos durante semanas. Aquella tarde, sin embargo, sucedió algo diferente. Fue mamá la que, entre las cosas de la abuela, observó algo que le pertenecía. Con delicadeza, acercó sus labios a la altura de mis orejas y, apuntando hacia unos zapatitos blancos, me susurró bajito, casi en silencio: “Tráelos, son míos”. ¡Qué bueno!, pensé, ¡al menos mamá había encontrado algo suyo entre tanto movimiento! Así que, saltando de un cerro de objetos a otro, llegué hasta los zapatitos, me hice con ellos y me di media vuelta. Cuando ya estaba por llegar a mamá, la abuela me asustó con sus gritos. Se puso histérica, como cuando hablaba de sus monstruos. “¡Así que eres tú! ¡Tú me has estado embrujando! ¡Esos zapatos son míos! ¡Dámelos!”. Pero mamá, en lugar de hacer lo que la abuela le ordenaba, me quitó los zapatos de las manos y se fue hacia la habitación que, terminado el día, ocuparíamos. Fue entonces que tuve frente a mí a ese ser fantástico que tanto había deseado ver. La abuela había mutado en un monstruo, enorme y rojo, que botaba fuego por la nariz, boca y orejas y que corría con un cuchillo en dirección a mamá. “Te voy a matar”, gritaba el animal, y casi lo logra, si no fuera por papá que, de un salto, logró desarmarlo.


Aquella fue la última noche que vi a la abuela. Papá y mamá dicen que está enferma, pero que, tan pronto se sane, volverá a casa. Y eso espero, sobre todo porque muero por contarle que, desde que no está, he logrado ver y ser mordido por las hormigas gigantes de las que tanto hablaba.



Conoce un poco más a la autora a través de su Entrevista EXTRA







Las cartas de Freddy - de Jorge Cuevas

Concurso "8 gatos desafiantes"


Quinto puesto (9 votos)
Rasgo: Infiel 
Evento: Paranormal 
Autor: Jorge Cuevas




Las cartas de Freddy



Freddy y Laura se conocieron en el mismo pueblo, pequeño pero vivo. Él era un vendedor de autos, cuyo pasatiempo era escribir cartas y poemas de amor, cosa que a Laura le fascinaba. Ella, de enorme belleza y porte, cautivó a Freddy de inmediato, y tiempo después consumaron su amor en matrimonio.
Pero poco después, Laura cayó enferma, y los doctores no le daban muchas esperanzas. Las visitas de Freddy poco a poco bajaron en frecuencia, al igual que las cartas. Ella lo atribuyó al trabajo, pero la sensación de soledad la agobiaba. 
Sin embargo, se enteró al poco tiempo gracias a una amiga, que Freddy estaba viendo a otra chica, que vivía a pocas casas de distancia y ya había intentado acercársele. La noticia la hizo enfurecer sin control, hasta que finalmente cayó inerte.
A su siguiente visita, le fue notificado a Freddy su fallecimiento. Su cara fue sombría, pero en su interior sintió alivio. Hace tiempo que Nicolle se había vuelto su inspiración.
Pasó un tiempo desde lo ocurrido. El rumor del engaño de Freddy se esparció por el pueblo rápidamente. Las miradas y comentarios eran duros, pero él lo ignoraba. Sin embargo, Nicolle no pudo soportar la crítica, y terminó poco tiempo después con él. Por primera vez en mucho tiempo, se encontraba solo, maldiciendo su suerte.
Llegó a casa una noche y sintió un ambiente extraño, el aire era como un manto pesado, comenzó a sudar y a sentirse observado, pero decidió ignorarlo. Se acostó en la cama e intentó dormir. De madrugada, comenzó a escuchar una voz.
— Freddy… ¿Cómo pudiste, Freddy?
Se levantó de un salto. Frente a él, en medio de la habitación, vio con claridad a Laura. Su rostro estaba endurecido y pálido. Sus ojos brillaban con una luz enrojecida.
— ¿También le escribías a ella, Freddy? —le preguntó con voz quebrada, pero la siguiente pregunta fue con furia— ¿Le ofrecías las mismas cartas a ella?
— ¿Laura? —preguntó torpemente. Sus dientes comenzaron a castañear— ¿Qué ocurre…?
— Me abandonaste, amor. —le interrumpió ella. Sus ojos lagrimeaban, pero también expulsaban flamas— Te necesitaba Freddy… necesitaba tu cariño…
— ¡No! ¡No te abandoné! —sollozó— ¡Te seguí escribiendo!
— MENTIRA —la terrible voz hizo temblar la habitación. Freddy no dejaba de temblar— ¡¿DÓNDE ESTÁN MIS CARTAS, FREDDY?!
El hombre no soportó más y salió corriendo. Se tropezó en las escaleras y rodó hasta la planta baja. Ignoró el dolor y se de pie. Llegó hasta un escritorio en la sala y sacó una hoja y una pluma. Miró sobre su hombro y se encontró los ojos de su mujer que parecían atravesarle.
— ¡Te escribiré, te lo prometo! —gritaba en pánico— ¡Diariamente! ¡Todo para ti!
Comenzó a escribir frenéticamente durante horas. Al terminar, se dio la vuelta, pero Laura había desaparecido.
Guardó la carta en un baúl y lo escondió en el armario. Desde entonces, sentía a alguien viéndolo todo el tiempo, y solo cuando escribía una carta y la guardaba en el baúl, la sensación se iba.
Los años pasaron, el pueblo crecía, y la gente nueva preguntaba por el viejo Freddy, a quien veían cargando plumas y papel todo el tiempo, sin hablar con nadie. Algunos recordaban haberlo visto años atrás como vendedor de autos, pero ahora se sentaba fuera de su casa, ponía el papel en sus piernas o en el suelo, y durante horas escribía, borraba y volvía a escribir, se frotaba la cabeza y en ocasiones reía o sollozaba. Solo al terminar entraba, saludando al viento con la carta en mano.


Conoce un poco más al autor a través de su Entrevista EXTRA







Azú Virá, en nombre del amor - de Silvana Alexandra Nosach

 

Concurso "8 gatos desafiantes"


Tercer puesto (10 votos)
Rasgo: Romántico 
Evento: Tradición 
Autora: Silvana Alexandra Nosach




Azú Virá, en nombre del amor



La espesura del monte era agreste y las leyendas de antiguos espíritus que rondaban en las aldeas cercanas hacían que los exploradores españoles se mantuvieran a cierta distancia. Por eso los Virá se mantenían a salvo en el corazón del Impenetrable.

Pacíficos por herencia de sangre, se alimentaban de frutos de algarrobo que molían en cuencos de piedra hasta convertirlo en suave harina. Los jóvenes, solían aventurarse entre los urundáis y los guayacanes. Cada trescientos sesenta y cinco días, cazaban con lanzas un único puma. Con la sangre del animal caído pintaban sus rostros y la piel era entregada en ofrenda al sanador de los nativos. Dos noches con sus días duraba la tradicional ceremonia. Único sacrificio. Única muerte permitida por las leyes de los Virá.

Los pumas, también atraían a los conquistadores quienes deseaban saciar su sed de ambición con las ventas de las pieles de tan esbeltos felinos. La codicia es traicionera y los hombres blancos, al final sucumbían a su deseo y terminaban adentrándose en el monte. Cincuenta monedas de oro, enorme botín por tan solo la piel de un animal.

El valiente Gonzalo Rodríguez De La Cruz, agazapado entre los arbustos espinosos, esperaba paciente la aparición de la presa que tanto deseaba, mas su corazón se vio flechado por la inesperada presencia de Azú, quien distraída, recogía vainas de algarrobo. No tardaron en descubrirse y la joven, presa de su curiosidad ante el forastero, se dejó encantar por el extraño de piel blanca. 

Azú y Gonzalo comenzaron a frecuentarse entre aquellos arbustos provocando el más dulce y peligroso amor entre ellos. Azú le enseñó la majestuosidad del puma y su sangre sagrada tan sólo derramada para venerar al monte y sus espíritus. Pero para Gonzalo, que venía de tierras lejanas, la recompensa que ofrecían por aquellos felinos, era más fuerte que el amor que la joven despertaba en su corazón. 

En uno de sus encuentros furtivos, mientras aguardaba la llegada de Azú, Gonzalo divisó un puma sobre las ramas de un palo borracho y no dudó en apuntar hacia tan preciada bestia. Cuando Azú vio lo que estaba a punto de ocurrir, intentó disuadirlo interponiéndose entre el hombre que amaba y la presa. El disparo fue certero. El puma, alertado por el grito de la muchacha, logró escapar del tirador. Gonzalo cayó de rodillas junto al cuerpo agonizante de Azú. La pena de amor le quebró el corazón mas ya no era posible salvarla. Gonzalo quedó perdido en la espesura del dolor y nadie volvió a saber de él.

Dice la leyenda que los espíritus del monte, ante el llanto desconsolado del hombre blanco, lo convirtieron en un puma como castigo por haber sido doblegado por la codicia del oro. En cambio, a la bella Azú, por su valentía y coraje, le otorgaron la gracia de una corzuela parda.

Desde ese día, nadie más ha vuelto a tener contacto con los Virá y las corzuelas huyen cada vez que se sienten descubiertas por la mirada de un puma.



Conoce un poco más a la autora a través de su Entrevista EXTRA




Al día siguiente - de David Hernández

 

Concurso "8 gatos desafiantes"


Segundo puesto (13 votos)
Rasgo: Olvidadizo 
Evento: Pérdida 
Autor: David Hernández




Al día siguiente



Hoy desperté por la mañana con la sensación de que algo me hacía falta. Estiré las patas, bostecé y observé las almohadas, la televisión y muchas otras cosas cuyo nombre he olvidado, pero no pude recordar de qué se trataba. Me tomé mi tiempo y luego caminé hasta la cocina donde todo mundo lloraba. 

Mi humana y su familia me acariciaron y me pidieron disculpas durante un largo rato como si me hubieran hecho algo terrible, pero a mí no me importó, ni siquiera recordaba haber sido lastimado, así que solo disfruté sus dedos en mi mentón y los recompensé con mi ronroneo. 

Sin embargo, de pronto me aburrí y salí de la casa para encontrarme con mamá, creí que estaba ahí porque no recordaba haberla visto, pero, aunque la busqué por mucho tiempo, no la hallé. 

Entonces, pensé que quizá jugaba a las escondidas y de nuevo había olvidado encontrarla, a veces eso me pasaba, no es mi culpa, mamá siempre dice eso cuando ella termina encontrándome a mí. 

Luego de un rato, como no pude hallarla, pensé en que mi humana a veces la llevaba en una caja y regresaban juntas luego de unas horas, así que fui a verificar que ella estuviera en casa. Entré y la vi sentada con una foto de mamá entre sus manos; cuando me vio, lloró de nuevo, aunque no sé por qué. 

Entonces, pensé que quizá jugaba a las escondidas y de nuevo había olvidado encontrarla, a veces eso me pasaba, no es mi culpa, mamá siempre dice eso cuando ella termina encontrándome a mí. 

Creo que eso ya lo había contado, no recuerdo, en fin. No pude encontrar a mamá y como no pude hacerlo, comencé a llamarla una y otra y otra vez, cada vez con más fuerza. ¿Se habría perdido? ¿Habría olvidado cómo volver? No, mamá es la más inteligente, ella nunca olvida nada y como me quiere, seguro que va a encontrarme. Eso recuerdo haber pensado mientras me quedaba dormido, y mucho después cuando desperté, tuve la misma sensación; algo me faltaba y no sabía qué.



Conoce un poco más al autor a través de su Entrevista EXTRA


Un vuelo de recuerdo - de Jorge Cuevas

Concurso "8 gatos desafiantes"


Primer puesto (17 votos)
Rasgo: Olvidadizo 
Evento: Viaje 
Autor: Jorge Cuevas




Un vuelo de recuerdo 



— Mis llaves… ¿dónde dejé mis llaves…?
José Ramón Trasviña gruñía mientras se palmaba el cuerpo como si tratase de matar un mosquito.
— ¿Qué haces, José? — Le preguntó su esposa Sara.
— Buscando las mendigas llaves.
— ¿No te acuerdas que le prestaste el coche a bernardo?
— ¿A quién? —respondió el viejo con el ceño fruncido.
— A bernardo, el hijo de Claudita, después de que te ayudó con el problema del agua.
— ¿Qué problema tenía el agua?
— Pues que no salía porque tenía el pato atorado.
— ¿Me estás albureando, mujer?
— ¡Ay, José! Ya apúrate que te está esperando tu avión.
— Si es cierto… ¿Y en dónde me espera?
Sara prefirió decirle al chofer del taxi en dónde dejar al viejo. Al bajar, comenzó a caminar hacia el aeropuerto, pero alguien le tomó del hombro.
— Señor, sus maletas.
— ¡Ay, cabellos! Gracias joven.
Siguió caminando y pasó por las puertas de cristal. La gente iba de un lado a otro, y de pronto se preguntó hacia dónde iba. Tomó asiento en una de las sillas y comenzó a golpetear con pies y manos coordinados.
A los pocos minutos, se le acercó una mujer joven y esbelta, con un traje azul marino.
— Señor, ¿quisiera acompañarme?
— Gracias señorita, pero yo creo que mi esposa me mata.
La chica sonrió ampliamente.
— Ya hablé con Sara. Dice que está bien. Es hora del viaje.
El viejo asintió y la siguió hasta un pequeño cuarto, donde le pidió que se cambiara. Se puso la ropa que su esposa le había guardado, un uniforme oscuro, como de militar. Se sentía importante y atractivo.
Cuando salió la misma joven lo esperaba. Lo siguió guiando hasta que cruzó por una puerta, perdiéndose hasta el fondo. Una compañera suya, recién ingresada al trabajo, se le acercó con rostro preocupado.
— ¿Estás segura que está bien dejarlo?
— Tú siempre te preocupas por don José, pero hasta ahora no ha tenido ningún problema.
— Ya sé, pero siempre hay una primera vez…
José Ramón llegó hasta el avión, donde otras chicas vestidas igual a la anterior le hacían señas. Él las seguía sin preguntar, aunque con clara confusión. Finalmente, pasó por una pequeña puerta blanca, y entró a un pequeño espacio con dos ventanales, por donde podía ver la pista. Sentado cerca se encontraba un hombre joven vestido igual que él. Lo saludó asintiendo.
— La señora Sara me dijo que me acompañaría de nuevo, señor José.
— ¿Ya nos conocemos?
— Nos hemos visto un par de veces. Me ha ayudado bastante.
— ¿Eres Bernardo?
El hombre soltó una risilla.
— Mi nombre es Iván, pero, ¿qué importa eso?
Iván le ofreció la silla al lado. José Ramón se reclinó en ella. Frente a él había un sinfín de palancas y botones. Estuvo a punto de preguntar si así era con todos los pasajeros, hasta que el joven le ofreció una tabla con varias hojas encima.
— Sara me pidió que le mostrara esto. Dijo que le ayudaría
Siempre que alguien le hablaba, tenía dudas y temores, pero al escuchar el nombre de su esposa, sabía que podía confiar. Revisó la tabla, y poco a poco su rostro de confusión fue desapareciendo. Varias palabras, imágenes y sonidos comenzaban a surgir en su mente. Era como tener una televisión en su cabeza, enseñándole algo, o más bien, recordándoselo.
— ¿Ya está mejor?
— Sí… mucho mejor.
Inmediatamente, se puso a revisar distintas cosas. Pasados ya unos minutos, el avión se había llenado de personas. Iván le hizo una señal con la cabeza y el viejo tomó un radio.
— Pasajeros, les habla su capitán José Ramón Trasviña.



Conoce un poco más al autor a través de su Entrevista EXTRA



Desafío literario: RetoNoticieroLLEC



¡Hola a todos!
No sé si lo han notado, pero no he estado mucho por aquí últimamente. 
La verdad es que he tenido varias razones, pero ninguna de ellas hará que me aleje completamente de este espacio, así que la ausencia es solo provisoria.
Entre los motivos está el hecho de que me han nombrado moderadora de un gran grupo de Facebook (LLEC), y en los días pasados he estado trabajando en la reestructuración de su blog junto a un colega (Pablo). Una vez terminado eso, he tenido que ser Maestra de Ceremonias de un reto grupal, algo que ocupó mucho de mi tiempo. Y es sobre esto que trata esta entrada, así que pasemos ya a lo importante:

Tercer puesto (2) - Erik Méndez



Crean software capaz de detectar el sarcasmo y nadie está seguro de que funcione


Atención llec-Tores de este mundo y el otro! En exclusiva, desde la universidad de la verdad y la coherencia, se dio a conocer hace un par de minutos, el invento más maravilloso e importante para el mundo; un software que es capaz de detectar el sarcasmo, mejor que tú, y que para rematar, si te sientes ofendido, no se sentirá culpable por decirte la verdad entre risas e indirectas. Esta herramienta ayudará a que los débiles de cerebro, que siempre se ofenden con los bien llamados "reyes del sarcasmo" puedan dar una batalla más digna, y así salir casi intactos de charlas jocosas con sus compañeros. El software tiene más de 3 millones de respuestas, y es capaz de combinarlas de manera automática, para obtener una reacción más rápida ante la situación. He aquí algunos ejemplos: - Andrea, ¿Es verdad que tú brasier se suicidó porque llevaba una vida vacía? - respuesta posible del software: puede que sí, lo raro es que tú uses boxer, aún sabiendo que por lo general lo usan los hombres que poseen un miembro masculino. - Es que yo mato a las arañas porque me dan miedo. - tú eres feo, y nadie te mata por ello. Estos dos pequeños ejemplos, son apenas el Abrebocas que nos trae el maravilloso y perfecto software de sarcasmo.
Viene equipado con un fino

Tercer puesto (1) - Magda Jiménez Guerra






Reconocida actriz asegura ser hija de Zeus: “Me siento incestuosa al pensar en Chris Hemsworth” 


Este año se le otorgó la “Concha de oro” en el festival de San Sebastián a la famosísima actriz Atenea Hayworth, la que decía ser nieta de la famosa actriz hollywoodiense Rita Hayworth, empezó su discurso diciendo a voz en grito que era hija del dios Zeus. Se pueden imaginar el bullicio que se formó en la sala con tan loca noticia. Lejos de callarse, ella siguió como si estuviera poseída, como si de verdad fuese otra persona. A continuación les mostramos el discurso literalmente como lo relató la protagonista, no hemos cambiado ni una coma, palabra de honor de periodista que está flipando en colores. - Soy Palas Atenea, hija del dios Zeus y de la titanide Metis. Muchas cosas se han dicho de mí, pero pocas son ciertas. Se dijo que soy hija de Poseidón y de la ninfa Tritonis ¡MENTIRA! Aunque la verdad no sé si es más creíble. Mi padre Zeus, se tragó a mi madre en un ataque de hambre, el pobre no tenía control sobre su apetito, como es tan grande y además es dios, no se ve harto y un día llegó pidiendo la cena y como mi madre no la tenía preparada, pues se la comió, así sin más. Lo que no sabía es que mi madre ya estaba embarazada de mí, y claro, yo tenía que salir por algún sitio por que crecía dentro de mí madre que estaba dentro de mi padre, un lío.
El caso es que aquí estoy, no sé bien

Segundo puesto - Lux Aeris






La NASA se plantea abrir un McDonald`s en la Estación Espacial Internacional 




El portavoz de La NASA ha declarado: “Los astronautas de todas las nacionalidades están muy contentos con la iniciativa”. 

Uno de los exhaustivos chequeos rutinarios a los que son sometidos los astronautas americanos ha desvelado un descenso preocupante de las endorfinas. Como medida urgente se creó un gabinete de crisis determinándose la necesidad de la creación de un equipo multidisciplinar para hallar una rápida solución a este magno problema. Uno de los integrantes del equipo es el dueño de la compañía Google, una eminencia en el aumento de las endorfinas, ninguno de sus empleados padece depresión. 

Han determinado que los astronautas americanos necesitan algún elemento reconocible de su cultura. Las endorfinas han descendidos por una falta de referentes americanos, “la mezcolanza existente confunde a los nuestros” asegura La NASA. Tras unos concienzudos estudios de mercado se ha considerado que lo que mejor representa a la nación americana es una hamburguesa. La cadena de comida rápida McDonald´s ha sido la afortunada. 
El portavoz de La NASA ha declarado

"Médico delirante muerde a perro peludo" - de Sonia Pericich





“Médico delirante muerde a perro peludo”


El doctor Evaristo Hernández, reconocido médico clínico de la ciudad de Buenos Aires, enloqueció en la víspera de su cumpleaños número 63, el pasado mes de abril. Según trascendió, persiguió a su perro al grito de “Mi nombre es Brutus y soy un pitbull de pelea... ¡No huyas, cobarde!”, mientras ladraba y gruñía como si fuese un can. Sus familiares rieron al principio, pero pronto comenzaron a preocuparse. El doctor alcanzó a su perro, Chester, de raza Bichón Maltés, y lo mordió ferozmente. Su esposa e hijas, alarmadas por la situación, intentaron que el doctor Hernández soltara a la mascota familiar ―a la que se aferraba con uñas y dientes―, pero ante la negativa del profesional de la salud y la desesperación reinante, optaron por arrojarle un balde de agua en la cara al grito de “¡Juira perro!”. El doctor se refugió luego debajo de un ligustro y comenzó a llorisquear, y no fue hasta pasados unos cuantos minutos de incertidumbre familiar que de pronto reaccionó y preguntó “¿Por qué estoy mojado?”
Se supo más tarde que

Primer puesto - Bella Hayes




Hombre gana la lotería y muere de un infarto: 326 personas demandan un ADN



En el bar de Pepe, ubicado en el pueblo de Guadalest, Alicante, reinaban las risas y las expectativas, era la noche del sorteo del El Gordo. José de Jesús Sánchez, dueño del bar había contratado dos camareras extras para atender el creciente número de visitantes que cada año abarrotaban cada espacio para ver, beber y compartir, boleto en mano, tan esperado sorteo y es que la pantalla del antro y el buen ambiente animaban a los asiduos. Como era tradición cada número cantado era coreado por José y por cada persona que tenía ese número en su boleto. Los gritos en la sala crecieron en intensidad a medida que Sánchez seguía cantando los números, con una euforia que iba en crescendo hasta que finalmente llegó al último. El dueño del bar de Pepe cayó fulminado sobre la barra del bar donde se había subido, murió millonario y sin descendencia.

El Pandemónium se desató en la sala, todos querían

"Heredera" - de Sonia Pericich

Pocahontas se baña en el río. Dos mujeres la acompañan e inundan su cabello con agua de azahar. La tristeza en sus ojos no opaca su belleza.
Desde lejos, un bravo capitán de cabellos dorados observa la escena sin pudor; ha deseado a Pocahontas desde el momento en que puso un pie en aquella playa de anheladas y provechosas tierras.
El Jefe Powhatan ha muerto por la noche. Pocahontas, su hija, ha de tomar su lugar para que su gente recupere la fortaleza, pero aquel bravo capitán de cabellos de oro que la ronda hace que la incertidumbre crezca en lugar de menguar. Quieren confiar en Pocahontas, necesitan resistir y estar alerta, se sienten desprotegidos frente a los extraños e imponentes visitantes. Una ceremonia de asunción se convierte en una gran idea para que aquellos vean en todo su esplendor el poderío de su raza.

La caída del sol abriga la

Mirjana y el rey Morás - de Sonia Pericich


Desafío: "No fue así como pasó" - Hoja en blanco (en colaboración con el grupo de Facebook "Panorama indie: autores y lectores independientes")
Variante: FanFiction
Personaje: Ricitos de Oro
Nuevo género: Fantasía épica



Mirjana y el rey Morás 


Mirjana despertó sobresaltada ante aquel sonido de cortezas crujiendo. El fuego se había extinguido ya, pero las pieles de oso en las que dormía la habían mantenido caliente hasta la mañana.
Frente a ella nada parecía estar fuera de lugar, el sonido debía venir desde detrás. Lentamente sacó el cuchillo que llevaba en la cintura y se preparó para un ataque, sabía que estaba en territorio  de los Orcos del Este, pero era el camino que debía tomar para llegar hasta La Cueva de Los Tres Magos. El futuro de su aldea estaba en juego.
Tenía miedo, pero ya no tanto como aquel día en el que le habían asignado la dura tarea por ser la más fuerte dentro de los pocos aldeanos que quedaban ya. Los jóvenes habían sido llevados a la fuerza para

La furia del dragón - de Alejandra de San Cristobal


LA FURIA DEL DRAGÓN




Tengo más poder en mi interior del que jamás he sentido.
— ¡Estúpidos inútiles! ¿En serio creéis que seréis capaces de retenerme aquí? No tenéis ni idea de quién soy. ¡Sucios gusanos! Me capturasteis porque bajé la guardia, pero hoy pagaréis por la ofensa. Me temeréis de ahora en adelante — vocifero mientras avanzo decidido a través del estrecho camino que me separa de mis carceleros.
— Tengo un ejército de dragones esperando una sola orden de mi boca para calcinar vuestros apestosos culos. ¡Rashil! ¡Ven a mí! — grito con rabia llamando a la más fiel de todas mis fieras.
La joven bestia roja irrumpe en la escena envuelta en una enorme nube de humo. Nos miramos a los ojos durante una fracción de segundo. Podría escapar sin más, subirme a su lomo y salir volando sin darles siquiera la opción de reaccionar, pero no es eso lo que deseo. Quiero que sufran como

Redención - de Lux Aeris


uóıɔuǝpǝᴚ por 𝗟𝘂𝘅 𝗔𝗲𝗿𝗶𝘀



“Año 20 después del cataclismo.
Suciedad, ruido, oscuridad, caos esa es mi realidad. Un compendio disonante de los edificios de la antigua cultura mezclados con las construcciones reflejo del nuevo mundo.
No siempre fue así, lo sé por esas antiguas infografías a las que tuve acceso casi por casualidad. A mi cerebro le cuesta imaginar otra realidad más luminosa, colorida y con esperanza, ¡Me parece algo tan irreal!
El Gobernante Universal decretó

En busca de mi felicidad - de JL Prieto


EN BUSCA DE MI FELICIDAD



Acudí a la consulta del doctor Manuel Ostos con pocas esperanzas de encontrar una solución a mi problema. Podría decirse que me embargaba un profundo pesar, todo lo que emprendía quedaba inconcluso. Era consciente que el origen estaba en que no conseguía dar con el final apropiado para la novela que estaba escribiendo. Fueron, precisamente, mis compañeros de terapia los que darían con la clave para encauzar mi camino hacia la felicidad de, por una vez, terminar algo que había empezado; aunque para ello tuviera que escuchar, una y otra vez, sus paupérrimas vidas.
Dublineta Eire llevaba tres semanas en consulta. Su incapacidad para conciliar el sueño la había convertido en